Mi nombre es María.
Soy cosecha del 89 y mi vida ha estado marcada por el cambio constante.
La definición que más me representa es una que me puse yo misma —y que ahora usan todas las mujeres de mi comunidad—: la de Flamenca Frenesí.
Una tía fuerte, con carácter, que no se detiene y lucha por un futuro mejor, pero que por el camino se ha visto muchas veces sobrepasada intentando sobrevivir a todas las cosas en las que se había metido.
Nunca tuve miedo a cambiar.
Al contrario: soy de las que se lían la manta a la cabeza y saltan a por todas, aunque eso signifique lidiar con demasiadas cosas: emprendimientos, gestión de equipo, másters, viajes laborales, mudanzas internacionales… y más cosas que no siempre acabaron bien.
Lo que me llevó a hacerme varios burnouts de mi propia vida. De esos de los que no te puedes coger una baja, porque tienes que seguir remando hasta salir a flote.